Personaje ejemplar del Mes
Ciudad del Niño Barcelona Venezuela febrero 2016
Josemaria
Escrivá de Balaguer
San
Josemaría nació en Barbastro, España, el 9 de enero de 1902. Recordaba con
agradecimiento, cómo sus padres le fueron iniciando, paso a paso, en la vida
cristiana.
En 1918,
Josemaría intuye que Dios quiere algo de él, aunque no sabe qué es. Las huellas
de un carmelita descalzo en la nieve durante las navidades de 1918 fueron el
signo de Dios que lo impulsó a la entrega plena a Dios y hacerse sacerdote.
Piensa que de ese modo estará más disponible para cumplir la voluntad divina. Él
mismo decía: ¿Por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo; ¿qué es? Que sea
eso que Tú quieres y que yo ignoro. Josemaría presentía que Dios le estaba
preparando para algo. ¿Qué era? No lo sabía. En Madrid, el 2 de octubre
de 1928, durante un retiro espiritual, Dios le hace ver la misión a la que
lo ha destinado: ese día nace el Opus Dei aunque fue en el 1950 debido a las
operaciones jurídicas que eso conllevó que fue aprobada como Instituto Secular por
el Vaticano. La misión específica del Opus Dei es promover entre hombres y
mujeres de todos los ámbitos de la sociedad un compromiso personal de
seguimiento de Cristo, de amor a Dios y al prójimo y de búsqueda de la santidad
en la vida cotidiana.
"Tenía yo veintiséis años, la gracia de
Dios y buen humor, y nada más. Y tenía que hacer el Opus Dei". Recogemos
el relato de aquel 2 de octubre de 1928 y el camino de santificación que Dios
le hizo ver a san Josemaría: "Vio, de modo inefable, a personas de toda
raza y nación, de todas las culturas y mentalidades, buscando y encontrando a
Dios en su vida ordinaria, en su familia, en su trabajo, en su descanso, en el
círculo de sus amistades y conocidos". Escrivá de Balaguer enseñó a buscar
la santidad en el trabajo, lo que significa esforzarse por realizarlo bien, con
competencia profesional, y con sentido cristiano, es decir, por amor a Dios y
para servir a los hombres. Así, decía, el trabajo ordinario se convierte en
lugar de encuentro con Cristo. Es en medio de las cosas más materiales de la
tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres, decía san Josemaría. La familia, el
matrimonio, el trabajo, la ocupación de cada momento son oportunidades
habituales de tratar y de imitar a Jesucristo, procurando practicar la caridad,
la paciencia, la humildad, la laboriosidad, la justicia, la alegría y en
general las virtudes humanas y cristianas. Escrivá de Balaguer, con el
Evangelio, decía continuamente: "Cristo no nos pide un poco de bondad,
sino mucha bondad. Pero quiere que lleguemos a ella no a través de acciones
extraordinarias, sino con acciones comunes, aunque el modo de ejecutar tales
acciones no debe ser común". Allí, en medio de nuestra vida, en la
oficina, en la fábrica, nos hacemos santos a poco que hagamos el propio deber
con competencia, por amor de Dios, y alegremente, de manera que el trabajo
cotidiano se convierta no en una "tragedia cotidiana", sino en la
"sonrisa cotidiana". El "Opus Dei" fue fundado como
"....camino de santificación dirigido a toda clase de personas”, lo
que resultaba novedoso, pues en aquella época era común pensar que sólo los
religiosos podían ser santos.
Numerosas
personalidades de la Iglesia consideran a Josemaría Escrivá como precursor
del Concilio
Vaticano II por su predicación sobre la santidad en medio del
mundo, afirmando que las personas de cualquier
condición y desde cualquier oficio honesto puede llegar a ser santos, sin
necesidad de ser sacerdotes o religiosos. Según el Anuario
Pontificio de 2013, el Opus Dei cuenta con 2.073 sacerdotes en el
mundo y un total de 90.502 miembros. El 55% de los miembros del Opus Dei
son mujeres y cerca del 90% residen en Europa y América. A esta obra
pertenecen laicos de distintas facciones, hombres, mujeres, religiosos y
laicos, y también son admitidos como cooperadores hombres y mujeres no
católicos y no cristianos: ortodoxos, luteranos, hebreos, musulmanes, etc.
Son santos los que luchan hasta el final de su
vida: los que siempre se saben levantar después de cada tropiezo, de cada
caída, para proseguir valientemente el camino con humildad, con amor, con
esperanza (Jose
Maria Escrivà de Balaguer).

