mercoledì 12 agosto 2015

José de Nazareth

Agosto 2015
Personaje ejemplar del Mes
                         José de Nazareth
Nació en Belén de Judá aunque vivió en Nazaret. Su padre se llamaba Heli y las fuentes de Mateo y Lucas nos dicen que era carpintero y pertenecía a la familia de los nazareos quienes para los antiguos hebreos eran hombres consagrados y apartados a Javeh quienes cumplían fielmente las escrituras y poseían una fuerza espiritual especial. A San José Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Los hombres por lo general se casaban muy jóvenes y San José tendría quizás de 18 a 20 años de edad cuando se desposó con María. Era un joven justo, casto, honesto, humilde carpintero...ejemplo para todos nosotros. José se había comprometido en ceremonia pública a casarse con la Virgen María. Pero luego al darse cuenta de que ella estaba esperando un hijo sin haber vivido juntos los dos, y no entendiendo aquel misterio, en vez de denunciarla como infiel, dispuso abandonarla en secreto. Y dice el evangelio que su determinación de no denunciarla, se debió a que era un “hombre justo”, convirtiéndose así en el esposo legal de María y padre adoptivo de Jesús. No obstante su humilde trabajo y lo escaso de sus medios de subsistencia, José provenía de un linaje real. Lucas y Mateo subrayan su descendencia directa de David, el más grande rey de Israel. Se cree que murió cuando Jesús contaba 12 años de edad puesto que durante la historia no se vuelve a encontrar junto a Jesucristo sino solo Su madre la Virgen María. Como buen padre protegió a su familia por encima de todo, cuando estaba en peligro, inmediatamente dejó cuanto poseía, su familia y amigos y huyó a un país extraño (Egipto) con su esposa y el niño por lo tanto se le considera protector de la familia cristiana. José, un hombre justo, se caracterizó en sus relaciones familiares, por dar un trato de máximo respeto y apoyo a María y por servir de modelo, por voluntad de Dios, a Jesús joven. Pero una de las enseñanzas más vislumbrantes de su vida fue la obediencia a Dios y lo observamos en el momento que nació su Hijo adoptivo, el mismísimo Cristo. José vio nacer al Cristo en un pobre pesebre y quizás en ese momento haya tenido un sin fin de dudas: su hijo estaba naciendo lejos y fuera del calor de la familia y del abrazo del hogar, en una casa para animales, atrapado entre lo que Dios dice y lo que le parece lógico a él. Cuestionándose si realmente fue Dios quien le habló, preguntándose si estaba en el camino correcto, si se suponía que girase a la izquierda cuando lo hizo a la derecha, y si hay un plan que apoye este proyecto. Las cosas no han resultado de la manera que pensaba.
Cada uno de nosotros conoce esta sensación que produce buscar luz en la noche, ya sea en un hospital, en un cementerio o en otro lugar y nos preguntamos porque Dios obra de la manera que lo hace. La historia de José nos insta y nos dice: Obedece, a pesar de que está oscuro y no lo entiendas todo, obedece. Por haber obedecido Dios lo usó para cambiar el mundo y por medio de los primeros llantos del niño Dios llegó la respuesta, la cual es vigente hoy en día para ti y para mí: Sí hijo mío… estoy contigo, no te he abandonado, tus pecados te son perdonados, tu nombre está escrito en los cielos, la muerte ha sido derrotada y Dios ha entrado a tu mundo para guiarte y cuidarte. Allí está Emanuel. Dios con nosotros. José fue el escogido para el asombroso plan de Dios a pesar de los contratiempos e incomprensibles sucesos y así Dios también te ha elegido a ti para lo inimaginable.
Obedece porque el Señor es quien va contigo. Amen

martedì 4 agosto 2015

BAMBÚ

Alimento para el alma Agosto 2015

Ciudad del Niño (Barcelona Venezuela)
BAMBÚ
En el corazón del Reino de Oriente se extendía un hermoso jardín. El Amo, aprovechando el fresco de la tarde, se paseaba por sus predios. De todos los moradores del jardín, el más bello y amado era un noble bambú de grácil silueta. Cada año aumentaban la belleza y la elegancia de Bambú. Éste era consciente del cariño del Amo y de que aquél se complacía contemplándolo. A pesar de ello era siempre humilde y de actitud amable. Con frecuencia, cuando el viento acudía a juguetear en la floresta, Bambú se despojaba de su dignidad y se ponía a bailar y a balancearse alegremente, inclinándose en jubiloso abandono. Presidía la gran danza del jardín, que llenaba de gozo el corazón del Amo.
 Cierto día el Amo se acercó a Bambú para observarlo detenidamente. Con mirada de curiosa expectativa, Bambú inclinó su majestuoso penacho hasta el suelo en señal de reverencia. El Amo se dirigió a él: - Bambú, Bambú, necesito tus servicios. - Amo, estoy dispuesto. Dime qué deseas-. Bambú -dijo el Amo con voz grave-, me veré obligado a llevarte de aquí, a cortarte-. Horrorizado se estremeció Bambú: ¿Co... Cortarme, Amo... a mí, a quien convertiste en el más hermoso de tu jardín? ¿Cortarme? ¡Ah, no! Eso no! Sírvete de mí para tu placer, oh Amo, pero... ¡no me cortes! -Mi precioso Bambú --dijo el Amo con voz aún más grave--, si no te corto, no podrás serme útil-. El jardín se cubrió de silencio. El viento contuvo su soplo. Lentamente Bambú inclinó su glorioso penacho. Se alcanzó a oír un susurro. Bambú contestó: Amo, si no puedo serte útil a menos que me cortes, haz entonces tu voluntad. Córtame. -Bambú, mi amado Bambú, debo también cortar tus hojas y ramas-. Amo, te suplico, ¡ten piedad! Tálame y pon mi belleza entre el polvo. Pero ¿es necesario que también me arranques las hojas y las ramas? -Ay, Bambú; si no te las corto, no me servirás-. El sol ocultó su rostro. Una mariposa que escuchaba el diálogo alzó temerosa el vuelo. Bambú tembló, presa de terrible ansiedad, y asintió quedamente: Amo, corta ya. - Bambú, Bambú, debo también partirte en dos y sacarte el corazón. -Si no lo hago, no me serás útil-. Ay, Amo mío, corta entonces y párteme. Así pues, el Amo del jardín cortó a Bambú, podó sus ramas, le arrancó las hojas, lo partió en dos y le sacó el corazón. Lo alzó entonces cuidadosamente y lo llevó hacia un manantial de cual surgía a borbotones agua fresca y cristalina, en medio de las resecas tierras del Amo. Luego, el Amo depositó a Bambú suavemente en el suelo, apoyando un extremo en el manantial y el otro en un canal que llevaría el agua hacia el campo. El manantial emitió su canción de bienvenida. El agua fresca y chispeante se lanzó con júbilo por el cuerpo rajado de Bambú rumbo a los campos sedientos. Enseguida se plantó el arroz. Transcurrieron los días. Aparecieron los brotes. Llegó el tiempo de cosecha. Entonces el cuerpo de Bambú, antes erguido en su imponente hermosura, cobró más gloria aún en su humildad y quebranto. Cuando era hermoso abundaba en vida. ¡Pero al ser quebrantado se convirtió en un canal de vida en abundancia para el mundo de su Amo!
Tú también puedes vivir en el jardín con El Amo de la Eternidad. No tienes más que convertirte en un buen canal de nueva vida. A veces Dios nos pide atravesar por momentos de sufrimiento y pruebas y es porque confía en nosotros y necesita hacernos aptos para el trabajo que desea encomendarnos. Necesita moldear nuestro carácter y hacer de nuestras vidas un manantial que lleva vida a muchos más. Dejémonos transformar con gratitud, mansedumbre y entrega para ser de bendición a la humanidad la cual está muy necesitada de amor y fe.     
 "En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. (Mateo 12:24)