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Agosto 2015
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José de Nazareth
Nació en Belén de Judá aunque vivió
en Nazaret. Su padre se llamaba Heli y las fuentes de Mateo y Lucas nos dicen que
era carpintero y pertenecía a la familia de los nazareos quienes para los
antiguos hebreos eran hombres consagrados y apartados a Javeh quienes cumplían
fielmente las escrituras y poseían una fuerza espiritual especial. A San José
Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la
Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Los hombres por lo general se
casaban muy jóvenes y San José tendría quizás de 18 a 20 años de edad cuando se
desposó con María. Era un joven justo, casto, honesto, humilde
carpintero...ejemplo para todos nosotros. José se había comprometido en
ceremonia pública a casarse con la Virgen María. Pero luego al darse cuenta de
que ella estaba esperando un hijo sin haber vivido juntos los dos, y no
entendiendo aquel misterio, en vez de denunciarla como infiel, dispuso
abandonarla en secreto. Y dice el evangelio que su determinación de no
denunciarla, se debió a que era un “hombre justo”, convirtiéndose así en el
esposo legal de María y padre adoptivo de Jesús. No obstante su humilde trabajo
y lo escaso de sus medios de subsistencia, José provenía de un linaje real.
Lucas y Mateo subrayan su descendencia directa de David, el más grande rey de
Israel. Se cree que murió cuando Jesús contaba 12 años de edad puesto que
durante la historia no se vuelve a encontrar junto a Jesucristo sino solo Su
madre la Virgen María. Como buen padre protegió a su familia por encima de
todo, cuando estaba en peligro, inmediatamente dejó cuanto poseía, su familia y
amigos y huyó a un país extraño (Egipto) con su esposa y el niño por lo tanto
se le considera protector de la familia
cristiana. José, un hombre justo, se
caracterizó en sus relaciones familiares, por dar un trato de máximo respeto y
apoyo a María y por servir de modelo, por voluntad de Dios, a Jesús joven.
Pero una de las enseñanzas más vislumbrantes de su vida fue la obediencia a
Dios y lo observamos en el momento que nació su Hijo adoptivo, el mismísimo
Cristo. José vio nacer al Cristo en un pobre pesebre y quizás en ese momento
haya tenido un sin fin de dudas: su hijo estaba naciendo lejos y fuera del
calor de la familia y del abrazo del hogar, en una casa para animales, atrapado
entre lo que Dios dice y lo que le parece lógico a él. Cuestionándose si
realmente fue Dios quien le habló, preguntándose si estaba en el camino
correcto, si se suponía que girase a la izquierda cuando lo hizo a la derecha,
y si hay un plan que
apoye este proyecto. Las cosas no han resultado de la
manera que pensaba.
Cada uno de nosotros conoce esta sensación que
produce buscar luz en la noche, ya sea en un hospital, en un cementerio o en
otro lugar y nos preguntamos porque Dios obra de la manera que lo hace. La
historia de José nos insta y nos dice: Obedece, a pesar de que está oscuro y
no lo entiendas todo, obedece. Por haber obedecido Dios lo usó para cambiar
el mundo y por medio de los primeros llantos del niño Dios llegó la respuesta,
la cual es vigente hoy en día para ti y para mí: Sí hijo mío… estoy contigo, no
te he abandonado, tus pecados te son perdonados, tu nombre está escrito en los
cielos, la muerte ha sido derrotada y Dios ha entrado a tu
mundo para guiarte y cuidarte. Allí está Emanuel. Dios con nosotros. José fue
el escogido para el asombroso plan de Dios a pesar de los contratiempos e
incomprensibles sucesos y así Dios también te ha elegido a ti para lo
inimaginable.
Obedece porque el Señor es quien
va contigo. Amen

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