Personaje ejemplar del Mes
Ciudad del Niño Barcelona Venezuela
Enero 2016
Jerónimo
de Estridòn
Eusebio Hierónimo de Estridón o Jerónimo de
Estridón cuyo
nombre significa el que tiene el nombre sagrado. Nace en
Estridón (Dalmacia) en el año 340 a.C. y muere el 30 de septiembre del
año 420 en Belén.
A
Jerónimo se le conoce principalmente porque tradujo la Biblia del Griego y del hebreo al latín, cuya traducción se
conoce como La Vulgata (que quiere decir divulgada,
difundida para el pueblo) la cual ha sido el texto bíblico oficial de la
Iglesia católica romana hasta la promulgación de la Neovulgata, en 1979.
Jerónimo consagró toda su
vida al estudio y traducción de las Sagradas Escrituras y es considerado uno de
los mejores, si no el mejor, en este oficio. Es considerado como un santo por la Iglesia católica, la
Iglesia ortodoxa, la Iglesia luterana y la Iglesia anglicana.
San Jerónimo fue un hombre de
gran conocimiento y sabiduría. Recibió el bautismo cristiano en Roma y allí estudió latín bajo la dirección del más grande gramático en lengua
latina de su tiempo, Elio Donato, que era pagano. Jerónimo llegó a ser un gran latinista y muy buen
conocedor del griego y de otros idiomas, pero era por entonces muy poco
conocedor de los libros espirituales y religiosos por lo tanto dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus
pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, por su terrible
mal genio y su gran orgullo). Aunque allí rezaba mucho, ayunaba, y pasaba
noches sin dormir, no consiguió la paz, descubriendo que su misión no era vivir
en la soledad. Su espíritu
era enciclopédico: su obra literaria nos revela al filósofo, al retórico, al
gramático, al dialéctico, capaz de pensar y escribir en latín, en griego, en
hebreo; escritor rico, puro y robusto al mismo tiempo.
Sabía algo de hebreo cuando
comenzó su proyecto de traducción, pero se mudó a Belén para perfeccionar sus
conocimientos del idioma. Comenzó la traducción de la Biblia en el año 382
corrigiendo la versión latina existente del Nuevo Testamento. Aproximadamente
en el año 390 pasó al Antiguo Testamento en hebreo. Completó su obra en el año
405, por encargo del Papa San Dámaso I, de quien Jerónimo fue secretario.
El pontífice le pidió al sabio una nueva traducción de la Biblia que
incluyera un Antiguo Testamento de 46 libros, los cuales estaban todos en la
Septuaginta, y el Nuevo Testamento con sus 27 libros. Alrededor de los 40 años, Jerónimo fue ordenado
sacerdote. Pero sus altos cargos en Roma y la firmeza con la cual corregía
ciertos defectos de la alta clase social le trajeron envidias y sintiéndose
incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban su modo enérgico
de corrección, dispuso alejarse de ahí para siempre y se fue a Tierra Santa. Su huida voluntaria de la
sociedad se debió a su deseo de paz interior pero aún así sus palabras se
hacían oír en Oriente y Occidente porque de vez en cuando reaparecía con algún
nuevo libro.
Los últimos 35 años los pasó
en una gruta, junto a la cueva de Belén. Dicha cueva se encuentra actualmente
en el foso de la Iglesia de Santa Catalina en Belén. Con el dinero de las
señoras de Roma que había convertido con su predicación y que lo alcanzaron en Belén,
construyó en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres,
y una casa para atender a los que llegaban de todas partes del mundo a visitar
el sitio donde nació Jesús.
De San Jerónimo es la célebre
frase: Ignorar las Escrituras es
Ignorar a Cristo”. Leer la Escritura es conversar con Dios: «Si rezas
hablas con el Esposo; si lees, es Él quien te habla». .
La Iglesia ha reconocido
siempre en él a un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor
la Biblia, por ello es proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio
VIII en el año 1295 y nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican
a hacer entender la Biblia;
Por extensión, se lo considera
el santo patrono de los traductores.
Que Dios nos ayude en este año 2016 a seguir el ejemplo de Jerònimo para
amar sinceramente a Cristo y reconocer le diariamente en las Sagradas
escrituras,
A difundir Su Palabra con
empeño y entrega. Amen.

