Alimento para el alma
Ciudad del Niño, Barcelona Venezuela
Abril 2016
Tiempo de callar
Un hombre relataba: “Cuando vivía en Brasil llevé a mamá y a su amiga a ver las cataratas de Iguazù, las más grandes del mundo. Unas semanas antes me hice experto en cataratas leyendo un artículo de la revista National Geographic. Sin duda, pensaba, mis invitados apreciarán la buena fortuna de tenerme como guía. Para llegar a mirador, los turistas tienen que caminar por un serpenteante sedero a través de un bosque. Aproveché la caminata para dar a su mamá y a su amiga un informe sobre la naturaleza en Iguazù. Estaba tan lleno de información que hablé todo el tiempo. Sin embargo, después de unos minutos me encontré hablando cada vez más fuerte. Un sonido a la distancia me obligaba a alzar mi voz. Con cada curva del sendero mi volumen subía. Finalmente, estaba gritando por superar un rugido que resultó bastante irritante, (sea cual fuere la fuente de ese rugido, quisiera que se callara para terminar mi conferencia, pensé). Sólo al llegar al claro me di cuenta que el ruido provenía de la cataratas. La fuerza y la furia de lo que trataba de describir ahogaron mis palabras. Ya no me podían oír. Y aún si pudieran podido, ya no tenía audiencia. Incluso mi madre prefería ver el esplendor en vez de oír mi descripción. No tenía otra opción. Cerré la boca”.
Hay momentos en que hablar es violar el momento… cuando el silencio representa el mayor respeto. La palabra para tales momentos es reverencia. La oración para tales momentos es “Santificado sea tu Nombre”. Solamente Dios y tú están aquí, y puedes imaginarte quién ocupa el trono. Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. No te preocupes por tener las palabras adecuadas; preocúpate más por tener el corazón adecuado. A veces no se busca elocuencia, solo sinceridad.
En medio de las tormentas diarias, hazte el propósito de guardar silencio y poner la mira en El. Deja que Dios sea Dios. Deja que Dios te bañe en su gloria de manera que se te quiten tanto el aliento como tus problemas. Guarda silencia, Calla, Se receptivo y dispuesto. Entonces encontrarás alivio. Cuando pones la mira en nuestro Dios, fijas la vista en uno superior a cualquier tormenta de la vida. Es entonces que encontrarás paz en medio del dolor.
La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él. Es necesario el silencio del corazón para poder oìrLe en todas partes, en la puerta que se cierra, en la persona que nos necesita, en los pájaros que cantan, en las flores, en los animales. En el silencio Él nos escucha; en el silencio Él habla a nuestras almas. En el silencio se nos concede el privilegio de escuchar su voz. El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.
Beata Madre Teresa de Calcuta
