Alimento para el alma
Ciudad del Niño, Barcelona Venezuela
Julio 2016
EL SECRETO DEL ARTE
El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para
que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y
concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los
pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el
maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado
notablemente.
El alumno quedó asombrado; ante
sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con
reverencia le dijo al maestro:¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?
Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro.
Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles.
La vida es como un gran cuadro y nosotros los artistas pero muchas veces
dejamos nuestra pintura a medio hacer. Los grandes acontecimientos nos
deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos
rodean cada día. Un buenos dias de un corazón sincero, un abrazo inesperado, el
beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al
sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.
Todas las relaciones, familia, matrimonio, noviazgo o amistad, se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo. Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada.
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se afinca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.
Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: un mensaje, una oración, una ayuda, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero en los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. En la vida no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones... Dios usa lo que parece insignificante para el mundo para realizar Sus mayores obras. Su mismo hijo Jesucristo nació en un humilde pesebre pero sirvió para salvar a la humanidad entera.¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Obedece la voz del Señor. Tu eres hoy el mensajero de Dios, actúa hoy mañana puede ser muy tarde, hoy podrias hacer ese cambio para el Reino de Dios.
Todas las relaciones, familia, matrimonio, noviazgo o amistad, se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo. Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada.
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se afinca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.
Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: un mensaje, una oración, una ayuda, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero en los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. En la vida no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones... Dios usa lo que parece insignificante para el mundo para realizar Sus mayores obras. Su mismo hijo Jesucristo nació en un humilde pesebre pero sirvió para salvar a la humanidad entera.¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Obedece la voz del Señor. Tu eres hoy el mensajero de Dios, actúa hoy mañana puede ser muy tarde, hoy podrias hacer ese cambio para el Reino de Dios.
“Sino que lo
necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del
mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se
jacte en su presencia”. 1 Corintios 1,27-29



