Alimento para el alma
Ciudad del Niño, Barcelona Venezuela
Mayo 2016
Mamá
Ella te
alimentaba y te bañaba. Tú se lo agradeciste llorando la noche entera.
Ella te enseñó a caminar. Tú se lo
agradeciste huyendo de Ella cuando te llamaba.
Ella te hacía todas las comidas con amor. Tú se lo agradeciste
tirando el plato al piso.
Ella te dio
unos lápices de colores. Tú se lo agradeciste pintando todas las paredes del
comedor. Ella te vestía para las
ocasiones especiales. Tú se lo agradeciste tirándote al suelo y enlodándote
a más no poder.
Ella te llevaba a la
escuela. Tú se lo agradeciste gritándole: ¡NO VOY A IR!
Ella te regaló una pelota. Tú se lo
agradeciste arrojándola contra la ventana del vecino.
Ella te trajo un helado. Tú se lo agradeciste derramándoselo sobre
su falda.
Ella te enseñó a orar y a relacionarte con Dios. Tú consideraste que nada de eso tuviera valor.
Ella te pagó unas clases de piano. Tú
se lo agradeciste nunca practicando.
Ella
te llevaba en el auto a todas partes: del Gimnasio al partido de fútbol, de
fiestas de cumpleaños, a otros lugares.
Tú se lo agradeciste cuando
salías del auto y nunca mirabas atrás.
Ella te llevó a
ti y a tus amigos a ver una película. Tú se lo agradeciste diciéndole que se sentara en otra fila.
Ella te aconsejó que no miraras ciertos programas. Tú se lo agradeciste esperando que ella saliera de
la casa.
Ella te sugirió un corte de pelo que te sentaba bien. Tú se lo agradeciste diciéndole que Ella no tenía
gusto.
Ella te pagó un mes de vacaciones
en el campamento de verano. Tú se lo agradeciste olvidándote de escribirle
Ella venía de trabajar y quería darte un abrazo. Tú se lo agradeciste cerrando con llave la puerta de
tu habitación.
Ella esperaba una llamada importante. Tú se lo agradeciste hablando
por teléfono toda la noche.
Ella
lloró en la fiesta de tu graduación de la escuela. Tú se lo agradeciste
estando de fiesta hasta el amanecer.
Ella
te pagó la cuota de la universidad, te llevaba en su auto hasta allá.
Tú se lo agradeciste
diciéndole adiós desde lejos, así no te sentirías avergonzado ante tus compañeros.
Ella te sugirió algunas carreras para tu futuro. Tú se lo
agradeciste diciéndole: "No quiero ser como Tú."
Ella te abrazó en la fiesta de graduación de la Universidad. Tú le preguntaste
si podía pagar un viaje con tus amigos.
Ella
te dio muebles para tu primer departamento. Tú agradeciste diciendo por
allí que los muebles eran feos.
Ella
conoció a tu futura/o esposa/o y le preguntó sus planes para el futuro. Tú
se lo agradeciste con una mirada feroz y gritándole: "¡Cállate!".
Ella te ayudó a pagar los gastos de tu boda y llorando
te dijo que te amaba muchísimo.
Tú se lo agradeciste mudándote
muy lejos de tu casa.
Ella te dio
algunos consejos para cuidar al bebé. Tú le dijiste que las cosas son
diferentes ahora.
Ella te llamó para
recordarte el cumpleaños de tu Papá. Tú respondiste diciendo que estabas
muy ocupado.
Ella
necesitó que la cuidaras. Tú le informaste sobre la carga que representan
los padres hacia los hijos.
De repente... Un día...Ella silenciosamente murió! Y las cosas que nunca hiciste cayeron como
un trueno.
Tomemos un
momento para rendir honor y tributo a la persona que llamamos MAMÁ.
Ellas se asemejan
a Dios quien siempre está lleno de Inconsiderado Amor por cada uno de sus Hijos
y a quien muy poco agradecemos todos los días por Sus detalles y regalos.
No hay
sustituto para Ella. Aunque, a veces, Ella no parezca la mejor de las amigas y quizás
no concuerde con tu forma de pensar, aun así... ¡Es tu Madre! Estuvo allí
para ayudarte con tus dolores, tus penas y tus frustraciones.
Sé
prudente, generoso y muéstrale el debido respeto, aunque tú pienses diferente a
Ella. Una vez que se vaya de este mundo, solamente quedan los recuerdos
cariñosos del Ser Que Llamamos Mamá...
Bendícela y
pide a Dios por ella porque Dios, en su infinita misericordia, le dio la dicha
de ser Madre y a ti la de tener una Mamá. La madre de Jesucristo es también nuestra
Madre, sin ella no hubiera sido posible la salvación, porque Jesucristo salva,
ella acompaña. S.Jn 19, 26-27
Honra a tu padre y a tu
madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida
sobre la tierra (Efesios 6,1-3)