Alimento para el alma Diciembre 2015
Ciudad del Niño (Barcelona Venezuela)
CARTA DE JESÚS
(El
Verdadero sentido de la Navidad)
Como sabrás, nos estamos acercando otra vez a la fecha en
que festejan mi nacimiento. El año pasado hicieron una gran fiesta en mi
honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas
¡llevan meses haciendo compras para la ocasión y casi todos los días han salido
anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue! Aunque a veces
exageran, es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí.
Ha transcurrido ya mucho tiempo cuando comprendían y
agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad. Pero hoy en
día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué
motivo se celebra mi cumpleaños.
Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase
bien, se hagan detalles como signo de afecto y amor y me alegra sobre todo que
los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe
bien de qué se trata. ¿No te parece?
Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al
llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿Puedes creer
que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate! ¡Yo era el invitado de honor! ¡Pues
se olvidaron por completo de mí! Resulta que habían estado preparándose
para las fiestas durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron al
margen. Ya me ha pasado tantísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió.
Aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé
en un rincón.
¿Te imaginas que
nadie advirtió siquiera Mi presencia, ni se dieron cuenta de que Yo estaba
allí?
Estaban todos bebiendo, riendo y pasándolo en grande,
cuando de pronto se presentó un hombre gordo vestido de rojo y barba blanca
postiza, gritando: "¡jo, jo, jo!".
Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las
arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos lo
felicitaban.
Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños,
emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡Santa Claus! ¡Cómo si
él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor!
Aguanté aquella "fiesta" hasta donde pude, pero
al final tuve que irme. Caminando por la calle me sentí solitario y triste. Te
voy a hacer una pregunta: ¿A ti no te parecería extraño que al llegar tu
cumpleaños todos tus amigos decidierAn celebrarlo haciéndose regalos unos a
otros y no te dieran nada a ti? ¡Pues es lo que me pasa a mí cada año! Una
vez alguien me dijo: "Es que tú no eres como los demás, a ti no se te ve
nunca; ¿Cómo es que te vamos a hacer regalos?". Ya te imaginarás lo que le
respondí.
Yo siempre he dicho "Escucha
bien, todo lo que dones a tus semejantes para aliviar su necesidad, ¡Lo contaré
como si me lo hubieras dado a mí personalmente!" (S. Mateo 25,34-40).
Y pensar todo el bien y felicidad que podrían llevar a
los orfanatorios, asilos, penales o familiares de los presos o visitar a los
enfermos y darles una palabra de aliento y cercanía.
Demasiados gastos y pensar que yo nací en un pesebre,
rodeado de animales porque no había más.
Me agradaría
muchísimo más, nacer todos los días en el corazón de mis amigos, que ellos en Mi
cumpleaños reciban el regalo del perdón, de la esperanza y de la unión, que Me
permitan morar en sus corazones para
ayudarles cada día en todas sus dificultades, que puedan palpar el gran amor
que siento por todos; hace 2 mil años
entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te
tengo.
¡¡Por eso,
en mi cumpleaños te pido que me dejes
entrar en tu corazón! "Mira yo estoy llamando a tu puerta, si escuchas mi
voz y abres la puerta, entraré en tu casa y cenaremos juntos". Confía en Mí,
abandónate en Mí. Este será el mejor regalo que me puedas dar. Y yo te brindaré
en esta Navidad el mayor regalo, el don del amor y de la paz.
Con Amor. Tu amigo Cristo
En este nuevo año, declarado por el Papa Francisco como año de la Misericordia, vívelo como nos pide Jesucristo: “ Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí. (Mateo 25,35)


Nessun commento:
Posta un commento