La Casa Imperfecta
Alimento para el alma
Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.
El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal; que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más.
Cuando el
albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió
las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa querido amigo.-Dijo-. Es un
regalo para ti”.
Si el albañil
hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera
hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que
había construido!
(Tomada del libro:
la Culpa es de la vaca)
En
cada cosa que hagas, deja la huella de tu corazón. Si emprendes una empresa o comienzas
un trabajo, termínalo llévalo a cabo con excelencia; nunca te contentes de un
trabajo mal hecho y nunca seas el protagonista de una mala obra. Sé mas bien un
colaborador fiel del cual se pueda confiar y al cual se le puedan confiar
grandes cosas pues todo lo que haces lo haces con excelencia y con el corazón.
¿Eres un estudiante? Estudia con el corazón; tus padres o las personas
que te permiten estudiar están confiando en ti, ¡No los decepciones! ¿Eres un
trabajador? Trabaja con el corazón; tus jefes, que te han contratado están
confiando en ti; ¡Demuéstrales que eres digno de su confianza! ¿Eres un padre o
una madre? Desempeña esta importante función con el corazón; tus hijos esperan
en ti, ¡No destruyas sus ilusiones y sus esperanzas!
Todo
lo que hacemos y la manera como actuamos contribuye a la construcción de
nuestra casa. Cada día
ponemos clavos, levantamos alguna pared o edificamos parte del techo. Cada día
edificamos una parte de la casa en la cual vamos a vivir. Por lo tanto, procuremos
construir día a día nuestra casa con el corazón. No te gustaría que
algún día te encuentres a vivir en la horrible casa que has estado
construyendo.
“Así,
pues, hagamos el bien sin desanimarnos, que a su debido tiempo cosecharemos si
somos constantes” Gálatas 6, 9
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